Una dieta baja en sal no necesariamente debe cambiar 100% los hábitos alimenticios de quien se ve obligado a llevarla a cabo. De hecho, normalmente cuando hablamos de dieta hiposódica nos estamos refiriendo a una dieta hiposódica moderada, que no implica que el consumo de sal desaparezca por completo de nuestra alimentación diaria.

Además, una dieta hiposódica moderada no prohíbe TODOS los alimentos con sal, sino que descarta únicamente los que tienen mayor contenido de la misma.

Por ejemplo, en una dieta hiposódica moderada podemos consumir varios alimentos que no necesariamente están exentos de sal.

  • Cereales: pan blanco, arroz, arroz integral.
  • Verduras: pepino, cebolla, puerro, alcachofas, coles de bruselas.
  • Frutas: manzana, pera, sandía, membrillo, melocotón, ciruelas, melón, pomelo, uvas, cereza, mandarina, naranja, frambuesa, kiwi, plátanos, mango o níspero.
  • Lácteos: leche de cabra y de vaca, batidos lácteos, helados, yogur de frutas y yogur natural.
  • Bebidas: refrescos light, té, zumos de frutas.

Si sigues una alimentación de este tipo estarás llevando a cabo una dieta hiposódica moderada que no interferirá con tu salud. Sin embargo, si tus estudios clínicos indican una hipertensión grave o problemas circulatorios importantes, es aconsejable que lleves a cabo una dieta hiposódica estricta.